Las preguntas más frecuentes

Así como entrenas tu físico para estar más fuerte y rápido, entrenar tu mente te ayuda a manejar la presión, confiar en ti y mantener la calma cuando más lo necesitas. El rendimiento no depende solo del cuerpo: si tu cabeza no acompaña, el esfuerzo no se refleja en el resultado.



Un entrenador no solo te corrige en el momento, también te da pautas para que entrenes entre sesiones. Conmigo es igual. En consulta trabajamos lo que necesitas y después te llevas herramientas prácticas para tu día a día. Así el cambio no se queda solo en lo que hablamos, sino que lo entrenas como cualquier otra habilidad y lo haces tuyo.



Al revés, lo complementa. Igual que un buen descanso o una nutrición adecuada potencian tu preparación, trabajar la parte mental se integra con tus entrenamientos y los hace más efectivos. No se trata de añadir más carga, sino de que lo que ya haces te funcione mejor.




Muchos deportistas piensan que tienen que estar al límite para pedir ayuda, pero no es así. Igual que no esperas a lesionarte para hacer prevención física, tampoco tienes que esperar a que la cabeza te bloquee por completo. Trabajar lo mental antes de que pese demasiado puede marcar la diferencia.



No hay una fórmula mágica ni un número fijo. Todo depende de tus objetivos y de cómo avances. Lo importante es que cada paso cuenta, y desde la primera sesión ya vamos a ponernos a ello. Piensa en esto como un proceso de entrenamiento: constante, progresivo y con resultados cada vez más sólidos.




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